Salud para tu piel

Doble limpieza: ¿Tendencia o realidad?

 

A estas alturas ya deberías saber que la limpieza facial, tanto por la mañana, como por la noche, es un paso obligatorio si quieres que tu piel esté sana y luzca perfecta. Ahora bien, si de verdad quieres hacerlo correctamente y que tu piel refleje vitalidad, debes saber que una limpieza no es sólo lavarse la cara con agua por la mañana y por la noche. La limpieza facial debe ser parte de tu estilo de vida y debe estar integrada en tu rutina diaria, incluidos los fines de semana, ¡aunque no salgas de casa!

Es posible que hayas escuchado hablar del término doble limpieza, aún así en este post te contamos qué es, en qué consiste y cómo debes incorporarla a tu día a día. La doble limpieza facial tiene su origen en Corea y es justo lo que estás pensando: lavarse la cara dos veces o lo que es lo mismo, dos pasos de higiene para una piel perfecta. ¿Por qué en dos pasos? Muy sencillo, porque está comprobado que con una sola vez no eliminamos los residuos y la suciedad que se acumula en nuestra piel y por tanto nuestro rostro no se libra de impurezas y puede lucir apagado y con imperfecciones. Presta atención a lo que viene a continuación porque es la clave de una buena doble limpieza facial, cómo hacerla, con qué productos y en qué momento del día.

Paso 1: Mejor con aceites

El primer paso de la doble limpieza facial se recomienda que se realice con productos de base oleosa. ¿Por qué? Por que un producto que contenga aceite permitirá eliminar la suciedad, el maquillaje y el exceso de sebo con más facilidad. Para ello puedes utilizar el Aceite Micelar Bifásico de BABÉ formulado con aceite de algodón y aceite de caléndula, que te permitirá eliminar cómodamente el maquillaje waterproof o resistente al agua y toda la suciedad presente en tu piel. Debes aplicarlo sobre la piel seca para “despegar” la suciedad y no es necesario que lo enjuagues, eso lo haremos en el siguiente paso. Si tienes la piel grasa y al leer aceite estás pensando en desestimar este paso, ¡no lo hagas! El aceite lo que permitirá es una mayor penetración en los poros para una limpieza en profundidad. Si masajeas el producto con la ayuda de un algodón generarás una suave exfoliación que eliminará las células muertas y favorecerá la regeneración de la piel.

Paso 2: Texturas acuosas

Quizás este paso te resulte más familiar porque el producto con el que debes realizarlo es más frecuente en la higiene facial tradicional, tratándose de un agua micelar o un gel suave. Un buen ejemplo para llevar a cabo este paso es el Gel Micelar, con una agradable textura que en contacto con el agua y la piel genera una suave espuma que permitirá retirar aquella suciedad que no haya sido eliminado con el limpiador en aceite. Aclara con abundante agua y seca suavemente con la toalla.

Si incorporas esta rutina en tu día a día te garantizamos que verás reflejados los resultados en tu piel y esto hará mucho más apetecible que seas constante y no te venza la pereza. Realiza esta limpieza por la noche, antes de irte a dormir y limpia tu cara al despertar con el producto utilizado en el segundo paso. Como tercer paso, sobre todo si tienes piel grasa o con tendencia acneica, prueba a utilizar un Tónico Astringente que cierre el poro, regule la grasa y matifique la piel.

No olvides siempre hidratar la piel y utilizar protección solar siempre que salgas de casa, ¡tu piel te lo agradecerá!